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18.9.20

Say goodbye.

Hace tiempo que me percaté de que en realidad cuando estoy con la gente a la que quiero me estoy despidiendo de ellos. No porque ellos se marchen, las personas zarpan, alzan el vuelo, pero eso no significa irse.
Soy yo, soy yo la que está diciendo adiós constantemente, la que de verdad quiere huir. No encuentro mi oxígeno y la verdad es que no importa, mis raíces ya están muertas. No hay marea que me lleve a ningún puerto porque la ola en la que me convierto los reducen a escombros.
En realidad soy yo quien quiere irse; dejar esta máquina estropeada tirada en el asfalto, abandonar mi silencio y convertirme en el grito, en el último suspiro al rozar los labios. 

Mamá siempre tiraba las macetas de las plantas muertas, mal augurio, mal de ojo. Mamá tenía razón.
 

4.4.20

Deshielo.

Dijiste "no me quieres", con toda la convicción del presidiario que sabe que morirá entre rejas. No fui capaz de discutir tu sentencia, de quitarte tu verdad; pero no tenías razón. 

En mi desastre caben el resto de desastres que se cruzan en mi camino, este corazón es carbón y un abismo infinito. Aquí están tus extravagancias y la risa que salió de tu boca una de las últimas veces que nos vimos. 

Ahora he conocido a un zorro en las lindes de mi bosque, intento atraerlo a la negrura, a que presencie los bailes de las brujas y escuche a la manada aullarle a la luna con el aliento rompiendo el frío. Pero el zorro está escarmentado y es escurridizo, a él también le quiero, ¿sabes? Tan rápido como el ciervo que cruza la carretera esquivando los coches a más de cien por hora. Le quiero a mi manera, que puede no ser perfecta, pero es real. Sé que él entra en mi infinito pero yo para él solo seré un instante, aún así, aquí le cobijo, ante la lumbre. 

Claro que te quiero, no me olvido de mis gatos, de los gatos salvajes que me arañan en la oscuridad, no me olvido de las cosas que me han hecho feliz. No eres uno más, porque ninguno de los animales de este bosque es igual que otro. 

Como siempre, te quiero. Pero a mí, no. Si no, dime qué hago detrás de un zorro que se ríe sabiendo que duermo desnuda y sola entre los árboles. 

Ya he roto este silencio, ahora mis pequeños demonios buscarán cobijo entre las hojas y los troncos caídos. 

28.12.18

Remember me.


Recuérdame cuando dejes de buscar en tus ruinas la piedra que hizo que todo se desmoronara. 

Recuérdame en las olas y las tormentas y cada vez que la discordia se instaure en alguna región cercana. Recuerda que los tambores claman en el infierno y es por mí y que íbamos a gobernar a los condenados y malditos. 
Recuérdame en el aullido del lobo y el vuelo de los cuervos; cada vez que abras una cerveza, te sirvas un poco de vino y pienses en Dionisio y las demás deidades a las que he dedicado alguna palabra. Recuérdame. Recuérdame porque no quiero ser silencio ni color blanco-ausencia. No quiero ser una vuelta de la manecilla del reloj. Recuerda mi risa imperfecta y exagerada, hace tanto que no sale de mi garganta que... que yo ya no la recuerdo. 

Recuérdame luchando contra mis miedos y fracasos y recuérdame, hija de la ruina y animal salvaje. Diosa de la discordia y compañera de catastróficas desdichas. Recuerda los olvidos tontos y esas carreras por la ciudad vacía. Recuerda a Sabina y a la música retro en nuestro viaje de verano. Recuerda la pelea como la fuerza y repite en voz alta; pararás un tornado y te quedarás aquí porque después no hay nada. 

Tira la piedra y no escondas la mano y riéte de todos ellos. 

Después no hay nada. 
Después no hay nada. 

Y qué aburrimiento. 

Recuérdame como un instante, un número impar, un mote estúpido. Un te quiero... uno y mil más. 

Hazlo tú. 
Después no hay nada 
y eso implica que yo ya no podré recordarnos. 

13.10.18

00:30 - Confesiones

Sueño con la piel estirada sobre los huesos y replegada en cada vértice de mi anatomía. 

Las estrellas se ven mejor tras el humo del cigarro. 

He congelado el tejido del músculo que me mantiene viva; algo late debajo pero ya no recuerdo lo que es. 

Sigue doliendo y para esto no hay cura; dicen que el tiempo, pero guardo dudas al respecto. 

He intentado ser quien era pero ya no soy. No soy, no soy, no soy. 

Repito lo que sangra y sangro muy poco. Y pienso que ojalá más. 

Ya no hay manos calientes recorriendo este cuerpo, solo la náusea en la garganta y el miedo en mi epidermis. 

Ese avión va muy despacio y yo quiero ir en él, pero estoy estática en este banco, observando su lento deslizar en el cielo nocturno. 

Recuerdo una voz y un susurro. 

La noche me abriga y me aterra a la vez. 

Ya no me atrevo a. Pero quiero que. Y no sé. 

Escondo un deseo feroz en el vientre. 

He escrito muchas cartas de suicidio pero al final me iré en silencio; nada de gritos como cuando emergí del vientre materno, mi partida será un suave deslizar en el tiempo, una piel hecha ovillo y unos ojos que se apagan.

Tengo cartas de amor en la guantera, con caligrafía rápida e ilegible, con sentimientos feroces y hambrientos y abandonados y. 

Ya no escribo sobre ti ni sobre nadie, porque no se merecen mis letras. No las merezco ni yo. Y aquí el castigo. 

Ya no existe canción que pare la corriente de pensamientos demoledores. 

Una voz cálida se ha colado en mi almohada y me susurra por las noches palabras que no logro entender. 

He soñado con otros brazos y no me siento libre. 

No me siento. 

¿Lo haces tú en algún momento? 

Solo un destello. Un pensamiento fugaz y seguiré existiendo. 

                          
Cimitero Monumentale di Milano (Italy)

18.11.17

23:48

Intento romper el hilo transparente que cierra mis labios, pero no hago más que arañarlo con lo que antes eran mis dientes, ahora sombras de marfil en el vacío. Oigo el eco del silencio resonando en mi cráneo, el eco de mis latidos, que por inercia mantienen este cuerpo en movimiento, mantienen este cuerpo sobre el eje de la Tierra, siguiendo el compás incesante del planeta; invierno, primavera, verano, otoño... Una, y otra, y otra vez. Las hojas crujen y de repente una gota de sudor recorre el centro de mi espalda.

Siempre hay un cielo encapotado, siempre preñado de agua, a punto de romperse, de empapar las calles vacías y el capó de los coches. Pero nunca termina de desatarse
la tormenta.
La sequía termina con mi garganta, agrieta la piel y hace que los ojos crujan, no es tan bonito como el sonido de las hojas al pisarlas; ni tanto como el canto de los pájaros en el frío de noviembre.
Está lejos de ser un sueño, estoy lejos de sentir algo más que este vacío. Lejos de romperme, llover y sanar mis raíces. 


13.6.17

Je te pardonne.

Pensaba que aquí dentro la lucha era entre la lava y el oxígeno, por saber si lo que más dolía era la vida o la muerte segura. 
Duele el hielo en realidad, la única realidad que está conociendo mi alma inconsciente y mis manos temblorosas. Las esquirlas destrozaron los ojos al lobo y se le han caído los dientes en las mil pesadillas que llevo hasta la fecha. 

Es curioso no saber cómo recordarme, no saber en qué momento fui y en qué momento dejé de ser, es curioso no saber qué tengo que perdonarme exactamente. 

Perdóname la vida y perdóname el odio delante del espejo cada mañana. 

14.1.17

Heart Attack

Soy feliz bebiendo cerveza, viendo series, y comiendo guarrerías para que luego la talla 44 me quede pequeña. El resto del tiempo, reflejos. 
Pero a cambio engrandezco mi mente con todos los libros que puedo y soy consciente de mi enorme e infinita ignorancia. Me maravillo de ella y disfruto de mirar al cielo e imaginar que las estrellas se ríen de nosotros.

Soy un cúmulo de desastres y malas decisiones, de finales terribles. De fauces abiertas.

12.11.16

Final song.

De nada han servido las lágrimas ni la acidez de estómago. De nada los gritos, las pataletas, la boca cerrada. De nada suplicar, ni querer, ni insistir, ni doler hasta el infinito. 

Un poco más a la izquierda y el golpe habría sido certero, duele más la falta de puntería. 

De nada ha servido pensar y pensar, y comerte por dentro, rajarte los labios con los dientes, mirarte al espejo, pisar fuerte, decir hoy sí. Y luego no. Y ojalá sangre caliente sobre los labios y un poco de anestesia general, solo un ratito. Ojalá un polvo, o dos, o tres, luego la calma en las articulaciones, luego dormir. 



30.4.16

Soy mi mejor mentira.


A veces el peso se hace insoportable y me veo obligado a dejar que salga el mar por mis ojos, intento ponerle un nombre a mis monstruos, un rostro, busco desesperadamente una forma de identificarlos, de expurgar toda la materia oscura que pasa a duras penas por mis mis venas, pero la losa termina por aplastarme antes de lograr hacerlo. 
Imagino que tú me miras y que ves la cara de un payaso de circo que intenta hacer lo imposible para mantener una buena función, te estás riendo de mí y lo veo en el brillo de tus ojos; yo también lo hago, cada día al despertar y cada noche al cerrar los párpados; me río de mí a carcajada limpia, por eso entiendo que tú lo hagas. 

En algún punto del camino perdí una pieza fundamental de mi mecanismo, ahora las cadenas se enganchan y se destensan las cuerdas del títere.
He dibujado esta mueca en la careta, soy mi mejor mentira.

1.2.16

Los ángeles no cantan.

No nos engañemos, querido lobo gris, te he querido hasta morir y morir es lo que hago cada noche a la una menos diez de la madrugada. 

La cáscara se separa del fruto pálido que es mi existencia y cae sobre el colchón, mi piel multiplica su sensibilidad por el número de kilómetros de aquí a Marte y mis ojos se abren. Veo cada partícula de polvo y cada rastro de tu olor en el aire, veo tu esencia del color de las nubes en abril y mi alma se escinde; el bosque y la urbe, correr pegada a tu lomo erizado; correr sobre el pavimento con los pies descalzos. 

No nos engañemos, querido lobo gris. Te he querido y te he odiado más de lo que tú odias a los cazadores y a sus escopetas, más de lo que el león del zoo odia los barrotes que le roban su fiereza y su recuerdo de lo salvaje, fiero y prohibido por el hombre. 
Cada noche hay una pequeña luz en la punta de mis dedos y y la velocidad de mi corazón aumenta como la del río de la montaña cuando llueve. 

No nos engañemos, querido lobo gris, yo correría por ti en cualquier desierto, viviría por ti en cualquier lago de cristales rotos porque son tus aullidos mis latidos. 

Tengo una manada de ausencias en las entrañas. 

13.8.15

Mejor seguir bailando.

He puesto la radio y bailo en las paredes, como la luz matutina que se cuela por los huecos de la persiana. Bailo. No dejo de hacerlo porque el mundo gira, y yo con él. Bailo, porque mientras mis pies se mueven, mientras mis brazos vuelan sin alas, la bilis nunca llega a mi garganta. 
Así que mantengo el sabor ácido del vómito a raya, y al dolor de cabeza que le jodan. Le he pedido a  A. que no me olvide. Todos lo hacemos, olvidarnos de algo, digo. De alguien. Qué mal. También le he dicho que quiero alcohol, que así, a la estupidez la llamo borrachera, no sé, me gustan las excusas. 
Excusas, como las que D. me daba todo el rato. Como las que me doy yo a cada media hora; no sientas, que eso desgasta. No abraces, que pica. No sueñes, que es de pavos. Y así con la vida. 

He leído en alguna parte una noticia horrible y un dato que me han puesto de mala uva. Ya sabéis cómo es esa movida; te hierve la sangre y te escuecen los ojos, quieres matar a alguien o romperlo todo, o ambas. Y al final nada, que llaman al timbre, y es el cartero. Hay que ver lo ridículo que es seguir cabreado después de un acto tan cotidiano como atender el telefonillo. 

No le he dicho a A. que quiero mandar todo a la mierda, eso nadie lo entiende. Qué inmadura, dicen. Mira, pues sí, llamemos inmadurez a eso de «me tenéis hasta el moño pero no me queda otra que aguantaros», y todos contentos, ¿no? 

Mejor seguir bailando. 

A, tú no me olvides, que ya lo hago yo. 


18.4.15

Click.

No sé en qué momento el amor empezó a frenarse ante las adversidades, para dejarles paso, para permitir que se extingan. No sé en qué momento dejaron de ser los besos y las miradas esa fuerza imparable que reduce todo lo demás a polvo, y ese polvo, a la nada. 

No sé en qué momento pudieron más los miedos que la alegría de vernos después de semanas, no sé en qué momento fueron justificación para ejecutar la sentencia y no dejarnos ser. No sé en qué momento este músculo dejó de ser maquinaria industrial, convirtiéndose en hielo sucio en viejas gasolineras tiradas al lado de la carretera. No sé en qué momento pasamos de ser el brillo de la nieve, la burla de las avalanchas, a ser agua estancada en cualquier alcantarilla.

No sé si entiendes esta angustia que cobra vida cada noche y se convierte en la soga que aprieta y en la silla que ya no sostiene mis pies. 

Supongo que en algún momento hacemos click, supongo que nos cansamos de esperar que esta vez sea diferente, supongo que el corazón sobrevive como puede. Supongo que es una tontería hablar de amor cuando no crees en él, cuando lo repudias. 

No sé en qué momento esta dejó de ser nuestra historia. 

1.4.15

De tu ausencia que es la página en blanco.

Estoy pensando en los posos de café que residen al final de tus pupilas, en la manera que tienen tus manos de hacer que me sienta como un mar cálido, apacible, azul.
De mi aliento convirtiéndose en arena blanca, virgen, inundando tu boca, cubriendo tu piel. De tu presencia sacudiendo mi centro y mi interior, mis latidos. El temblor de las manos al intentar escribir esto que siento; esta maraña de rabia y resentimiento, de disgusto con el mundo y conmigo misma.

De tu ausencia que es la página en blanco y el perfume tóxico de esta habitación. 

De esto que no soy, de esa que ya no está. De todo lo que no sé. De hoy, de ahora. Del rechistar de la hojarasca bajo tus pies. 

28.3.15

Walt Whitman dijo.

Walt Whitman dijo: no permitas que la vida te pase a ti. 


Creo en las casualidades, ¿sabes? quiero ser la casualidad en la vida de alguien, quiero ser ese momento, ese punto de inflexión en el que todo cambia. Y el Universo, y el suelo que pisamos, se hace extraño como nunca antes. Y el corazón cambia de marcha y canta en otro registro. 

Decía Walt Whitman, no permitas que la vida te pase a ti. 

Pero no dijo nada de las personas, o la persona, que convierte nuestra existencia en vida, y después se va. 

Whitman no sabía que más de cien años después tú ibas a besarme, en una realidad movida por el capitalismo, las falsedades, donde la magia y las palabras están perdiendo fuerza. Donde la fe se impone y no se encuentra, donde el miedo rige las decisiones que tomamos. 

No sabía que un siglo después, dos personas iban a encontrarse, dos personas iban a besarse, y una de ellas iba a nacer en el mismo instante en el que tus labios chocaron con los míos y me creí morir en medio de la acera. 

Walt Whitman no sabía que yo iba a desdoblarme bajo la luz artificial de las farolas, que iba a perder el norte, el sur y todos los puntos cardinales. Y que te iba a pedir volver al mundo real, literalmente. Nadie podía imaginar que entre millones de personas, una habría de abrir su corazón y estrechar la vida por completo. 

Yo tampoco lo sabía, y ahora esa certeza me ha rasgado el alma. A mí no me ha pasado la vida, me has pasado tú. 

Cave Hill Cemetery, Louisville, KY.

14.1.15

Llueve en mi desierto.

Me gusta besarte y que el mundo parezca de repente un poco menos sucio. Como si tus labios curasen a mordiscos las magulladuras de esta gata soberbia, los arañazos que me llevé en mis otras vidas.
Me gusta besarte y recordar que una vez fui lo que quise, porque besarte significa renunciar al mundo, a su estúpido funcionamiento, y luchar por la causa. Besarte y recordar que creer, a veces, no está tan mal. 
Besarte, porque ya no sé escribir en otra superficie que no sean tus labios. 

Pero de pronto llega el punto álgido de la canción y recuerdo que besar significa dejar una parte de mí en ti, tan íntima como puedan ser mis buenas vibraciones. Me descubro prometiéndome que habrá más encuentros; cara a cara, boca a boca, latido a latido, y un final -porque siempre están ahí, como la sangre, como la vida, como la muerte.- y se me quitan las ganas de comienzos. Y digo que existe el sexo por el sexo, el vicio, la intoxicación, las ganas de. Que existimos. Tú y yo; en esta cama, entre estas paredes, frente con frente, porque a ti te da igual, y a mí me viene bien, pero no hago más que mentir. 

Da igual, ahora sube el volumen y vuelve, tira la camiseta, presume de lunares, muéstrame la espalda, deja que te muerda. Clava los dientes en el lado izquierdo de mi cuello, las manos bajo las costillas, recorriendo de lado a lado la parte superior de mi cuerpo. Acerca la lengua, llueve en mi desierto, una vez, y otra, y otra. Y seamos volcán, bomba y ola arrasadora a la vez. 

Me gusta besarte porque, por un momento, me permito sentir miedo. 


29.12.14

1:34 a.m.

-Bueno, ¿y de qué tienes ganas?
-De ti.

Oh, venga ya. 

-¿De mí de qué forma? 
-De cualquiera, pero aquí, conmigo. 

(y estalla la tormenta)


13.5.14

Sueño furia.

Hay cosas que es imposible apartar de nuestra piel, que mantienen en pie la factoría de sueños que guardamos bajo ella. Cosas que nos impregnan de un olor desconocido, parecido al de la vuelta a casa después de una gran batalla, olor a "ya estás a salvo", olor a "nunca más". Nunca más, qué, nunca más el cielo, nunca más la calma, nunca más la felicidad. Nunca más. Nunca más amar, nunca más dormir una noche sin sobresaltos, nunca más tú, nunca más tu piel, nunca más tus ojos, tu pelo, tus labios. Nunca más las veces en las que fuimos niños de nuevo, nunca más la inocencia, maldita. Nunca más los colores, nunca más la vida. 
Ahora la furia, el odio, la libertad a las bestias que amenazan con acabar comiéndose las esperanzas, ahora las ruinas de la ciudad. Las ruinas de nuestros principios. Ahora lo básico, el instinto animal, ahora nuestra supervivencia. Ahora dejar de pensar en aquellos que nos hicieron polvo, aquellos que machacaron al polvo. 
Ahora la velocidad, la carrera en contra de nuestro reloj biológico. Ahora las palabras grises, las caricias blancas, ahora el mar. El mar ahogándonos, llenando nuestros pulmones, ardiendo dentro de nosotros, el mar siendo yo. El océano en tus ojos. Ahora las letras que se traban en los dedos, la tinta que impregna las páginas, que las vuelve débiles. Ahora el universo, a nuestro alcance, a un mordisco de distancia, sólo una dentellada. Ahora los años más cortos, los días más largos, las agujas del reloj paradas. Ahora el tiempo, que a veces pasa y otras se queda para contemplar la posible agonía, ahora las sonrisas robadas.
Pero libres, ahora libres. Libres para destrozarnos a nosotros mismos, para caer una vez más, golpear, sangrar. 

8.5.14

Una suicida de a pie.

Eché la culpa al viento que volaba conmigo de las lágrimas que escapaban de mis ojos, porque es más fácil así. También lo condenaría por la risa que se me escapó, por el aire que entraba en mis pulmones, por la sangre punzando, bullendo bajo la piel. Le eché la culpa al viento de mi existencia, en ese mismo instante, sólo algo intangible podía cargar con el peso de mi vida. 
No supe cómo frenar mi carrera, no vi el precipicio al final del trayecto, el agua de mar que colgaba de mis párpados no me dejó hacerlo, no temí nada anterior a aquello, nada. Todo quedaba tras una cortina de humo de procedencia desconocida, todo quedaba tras el impulso que mis piernas, doloridas, me daban. Tras la fatiga y la rabia que siempre me ha consumido. No creí que después fuera a querer volver al punto muerto del que acababa de salir. 
Dirán que soy una suicida, una suicida de mar, de aire, una suicida de a pie. Pero no me molesté en frenar antes de llegar al desfiladero, me atrajo la idea de quedarme sostenida en el aire por una fracción de segundo, de ser consciente de mí misma por primera vez en mucho tiempo. Me atrajo la caída, la colisión. No porque fuera amiga de la muerte, no porque buscara una salida, simplemente me pareció lo más bello del mundo, la caída.