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2.2.23

II

Nos conocimos más jóvenes de lo que pensábamos. La única certeza que tengo de aquellos años es que nos creíamos mayores y solo éramos unos críos, y ni esos años ni esa infancia volverán; nos han hecho olvidarlos a golpes. La soledad se clavó en la piel pese a que nunca estuvimos solos, las heridas eran profundas y manaban riachuelos pero no nos dábamos cuenta, no se daban cuenta pese a que gritásemos; la boca abierta, los ojos cerrados, los puños apretados. La boca cerrada. Los ojos, grandes espejos en los que nadie quería verse reflejado; el corazón encogido, las manos temblorosas. 

Ningún grito fue atendido.

Si nos preguntan sonreímos; el mundo gira, el show continúa, la inocencia es una cáscara vacía pero seguimos haciéndonos los sordos. Pasamos en silencio y sin hacer ruido o en formato tornado; yo he hecho mucho ruido, créeme, he roto cristales y partido cerraduras y he corrido, he llorado, he abierto heridas nuevas, he matado, porque la conciencia también es la muerte. El saber que... que nunca será. 

Hice tanto ruido que creyeron que celebraba la vida y solo aplaudía a la rabia, hice tantísimo ruido que me quedé afónico, que me quedé sordo, que ya no me oigo ni a mí; ya no soy capaz de oír mi propio grito. Ya no sé si estoy gritando. Me casé con mis demonios; cada noche, tantas lunas como pude. Hasta que entré en la rueda infinita, de la que no conseguí salir más. 

Perdí mucho más de lo que soy capaz de admitir o de asumir. Lo digo ahora, le pongo nombre, le doy una identidad; perdí aquello que tenía que amar y me enseñaron a odiar. Y ahora lo echo de menos, tanto como un niño añora a su madre en las noches de tormenta, en las noches de pesadilla. 

Nos conocimos tan jóvenes... nos conocimos la primera vez que miramos un espejo con la conciencia del ser, de la existencia. Y ahora evitamos los espejos, ¿no es curioso? Ahora que somos, más que nunca, conocedores de lo que vivir significa. Ahora que sabemos que vivir y sobrevivir no son lo mismo aunque se confundan tan fácilmente. 

12.3.22

You don't cross my mind. You live in it.

“Maybe home is nothing but two arms holding you tight when you’re at your worst.”


Han pasado ya casi nueve años desde que me despedí de ella, no le dije adiós, pues nunca lo hago, lo nuestro era un "hasta luego", quizá un "hasta que la vida te joda otra vez". No me despedí de ella y dejó huellas de su existencia en varios puntos de mi anatomía. 

Hoy todavía la oigo; una respiración en la nuca, un picor en la comisura izquierda de mis labios, una lágrima que, aunque pugna por salir, siempre decide quedarse en casa. Veo su sombra en muchas esquinas, no bajo las escaleras para ello; está en la ducha, está en mi colchón, está en mis sueños, (cuando los tengo), está cada vez que todo se tambalea. No le dije adiós y es el peor error de todos, supongo. 

Llegaron bestias nuevas, llegaron, también, hermosos animales, vi ángeles cruzar el trocito de cielo al que llegan mis pupilas, hoy todo está eclipsado. 

No es una bestia alada, no es un ángel al que rendir pleitesía; viene del mundo de los insectos, lepidóptera. Brillante y fuerte; la he visto apuñalar huracanes. Cuando aletea, por poquito que sea, se duermen los volcanes. 

Las vemos de vez en cuando, las llamamos mariposas, nos hacemos los tontos a su presencia y como con todo lo sobrenatural, son los niños y los animales quienes persiguen su vuelo; porque solo ellos ven la magia. 

Pero quizá ciega y sorda y con las manos quemadas; sin tacto, yo he sentido esa electricidad en lo más profundo de mi ser. Compartimos astros; tú ves el Sol, yo también, la luna acuna tu sueño y también se hace cargo de mis noches en vela. 

Cambié el lobo por un naranja vibrante, las fauces por unos labios que curan el alma, pero sé que ella todavía sigue aquí. Que deambula y babea, que gruñe bajito, para no levantar sospechas, pero sigue aquí. 

Y siempre que pienso en su pelaje erizado mi mente se traslada al mismo recuerdo; hay una cámara encendida, una lucecita roja, nos están grabando y ella toma el control, no noto mi cuerpo, solo soy consciente del movimiento que hay dentro de mis cuencas oculares, solo sé que miramos fijamente el piloto rojo y tomamos aire, sobrevivimos al silencio y a la soledad más impactante de todas, las dos juntas. Ella estaba allí, como lo está hoy y como lo está siempre, quise decirle adiós pero preferí quedarme con el as bajo la manga, por si acaso. Y aprendí que no somos manada sino bestias solitarias y cambiantes, que el pelaje se desprende igual que la piel de la serpiente, que mudamos y nos reconvertimos, sufrimos transformaciones dolorosas y, cuando todo termina, estamos exhaustas, nos sentimos desnudas, todo escuece, no podemos respirar, pero seguimos ahí. Y quizá con eso me hubiera bastado si me hubiera visto envuelta en el efecto mariposa de mi lepidóptera. Cuando ella suspire bajo auroras boreales mi corazón latirá más fuerte deseando estar entre sus brazos una vez más. Y aunque los mismos astros nos cobijen estaré esperando hasta encontrarnos en las mismas coordenadas. 

Y la diferencia entre la bestia y el leve batir de sus alas es que a la primera ya nunca la espero, sé que sigue ahí, pero paso por su lado de puntillas para que no despierte cuando compartimos habitación. A Ella no solo la espero, busco y ansío su presencia igual que el náufrago clama por tierra firme y el sediento imagina oasis donde hallar agua. 

El desastre que me envuelve ahora es hermoso, las alas que me acarician hacen que desee vivir, no se conforman con mantener mi existencia a flote. Vivir y existir no era lo mismo, ¿recuerdas? Recuérdalo siempre. 

18.9.20

Say goodbye.

Hace tiempo que me percaté de que en realidad cuando estoy con la gente a la que quiero me estoy despidiendo de ellos. No porque ellos se marchen, las personas zarpan, alzan el vuelo, pero eso no significa irse.
Soy yo, soy yo la que está diciendo adiós constantemente, la que de verdad quiere huir. No encuentro mi oxígeno y la verdad es que no importa, mis raíces ya están muertas. No hay marea que me lleve a ningún puerto porque la ola en la que me convierto los reducen a escombros.
En realidad soy yo quien quiere irse; dejar esta máquina estropeada tirada en el asfalto, abandonar mi silencio y convertirme en el grito, en el último suspiro al rozar los labios. 

Mamá siempre tiraba las macetas de las plantas muertas, mal augurio, mal de ojo. Mamá tenía razón.
 

4.4.20

Deshielo.

Dijiste "no me quieres", con toda la convicción del presidiario que sabe que morirá entre rejas. No fui capaz de discutir tu sentencia, de quitarte tu verdad; pero no tenías razón. 

En mi desastre caben el resto de desastres que se cruzan en mi camino, este corazón es carbón y un abismo infinito. Aquí están tus extravagancias y la risa que salió de tu boca una de las últimas veces que nos vimos. 

Ahora he conocido a un zorro en las lindes de mi bosque, intento atraerlo a la negrura, a que presencie los bailes de las brujas y escuche a la manada aullarle a la luna con el aliento rompiendo el frío. Pero el zorro está escarmentado y es escurridizo, a él también le quiero, ¿sabes? Tan rápido como el ciervo que cruza la carretera esquivando los coches a más de cien por hora. Le quiero a mi manera, que puede no ser perfecta, pero es real. Sé que él entra en mi infinito pero yo para él solo seré un instante, aún así, aquí le cobijo, ante la lumbre. 

Claro que te quiero, no me olvido de mis gatos, de los gatos salvajes que me arañan en la oscuridad, no me olvido de las cosas que me han hecho feliz. No eres uno más, porque ninguno de los animales de este bosque es igual que otro. 

Como siempre, te quiero. Pero a mí, no. Si no, dime qué hago detrás de un zorro que se ríe sabiendo que duermo desnuda y sola entre los árboles. 

Ya he roto este silencio, ahora mis pequeños demonios buscarán cobijo entre las hojas y los troncos caídos. 

7.11.18

Bosque madre.


Se deshace el nudo de piel y huesos, la lluvia abandonada me recibe; en las hojas pequeñas canicas. En las ramas espejos que cuelgan.

Descalza y desnuda; unida al vientre del bosque. El pelo rozándome los codos, arañas trepando y tejiendo y el hilo de mi aliento que se rompe. Corro y me araño los pies. Hace frío y me deshago en carcajadas, la noche me sacude y me atosiga. Persigue mi orgasmo.
El lobo aulla allá a lo lejos y las zarzas y las espinas abren mi piel; el rojo ahora tiñe mis labios, los despoja de su habitual palidez.

Corro y olvido pero nunca he llegado a recordar; ni por qué corro ni qué estoy olvidando.
Ignorante del paso de las estaciones, entregada a las estrellas y a la luna. Y a la plata que ésta vierte sobre mi desnudez.

Sin despedidas ni encuentros. No estoy sola, me acompañan los árboles; altos y silenciosos. Los animales que habitan aquí, y aquí es el pecho y es el bosque.
Alguien susurra y pregunto por mi nombre, pero nunca lo he tenido, nunca he pertenecido a nada; una palabra, un conjunto de sonidos no son mi identidad. Mi identidad es la carcajada que hace temblar a las flores y el riachuelo que calma la sed, el sexo desnudo y los pechos pálidos, la caricia de la tierra mojada, de los gusanos y las lombrices y los animalillos peludos. El ciervo que huye, el lobo que muerde, el búho que avisa.

Aquí nadie.


1.11.18

Samhain.


De noche las hojas mojadas parecen sapos entre en el césped. El suelo está húmedo a causa de la lluvia, no es lo único húmedo.
Estoy desnuda y fría y pese al odio por mi cuerpo en mi mente tus manos acarician cada recoveco de mi anatomía. Tu voz penetra en mis sentidos, de repente sorda y ciega y contigo nublando mi cielo nocturno.
Hay unas manos fugadas entre mis piernas, un sexo indefinido y hermoso frente a mí, tu imagen fructua entre cuerpo de hombre y de mujer y de ente y de animal salvaje e indómito al que amo.
Y amo y no es posesión sino sed. La boca seca a causa del alcohol y de mis ganas de ti. Tu piel y tus gemidos y tus pesadillas. Tu tráquea pidiéndome a gritos que clave los colmillos en ella. La sangre que bulle y que excita y pide sexo y dolor. Y quiero dárselo y dártelo y dármelo y reír. A carcajadas y a gritos, borracha y tambaleante. Tiemblo, y no es de miedo. Bueno, quizá un poco sí. Tiemblo porque tu lengua me llama en otro idioma, reservado a mi alma y a tu saliva. Tiemblo porque nunca estás lo suficientemente cerca pero siempre estás extremadamente lejos. No sé. Se entrecierran mis ojos y me duele la cabeza. Y pienso en cráneos y clavículas y en el color de tus venas. Ven pronto. Déjate morder y comer y tragar. Déjate fundir con el hielo que recurre las paredes de mis venas. Y te quiero, te quiero libre, muerto, vivo, sonriendo y llorando. Quiero tus pesadillas y tus deseos más fervientes y escondidos. Es tu sangre la que llama a mi epidermis, tu sangre la que ahuyenta mis gritos. Tu sangre la única culpable de cada gemido. Y te quiero, te quiero infinitamente e insaciablemente. Te quiero como al oasis del desierto y como a la hoguera en los bosques; a escondidas y con toda la fuerza de mis entrañas.


13.10.18

00:30 - Confesiones

Sueño con la piel estirada sobre los huesos y replegada en cada vértice de mi anatomía. 

Las estrellas se ven mejor tras el humo del cigarro. 

He congelado el tejido del músculo que me mantiene viva; algo late debajo pero ya no recuerdo lo que es. 

Sigue doliendo y para esto no hay cura; dicen que el tiempo, pero guardo dudas al respecto. 

He intentado ser quien era pero ya no soy. No soy, no soy, no soy. 

Repito lo que sangra y sangro muy poco. Y pienso que ojalá más. 

Ya no hay manos calientes recorriendo este cuerpo, solo la náusea en la garganta y el miedo en mi epidermis. 

Ese avión va muy despacio y yo quiero ir en él, pero estoy estática en este banco, observando su lento deslizar en el cielo nocturno. 

Recuerdo una voz y un susurro. 

La noche me abriga y me aterra a la vez. 

Ya no me atrevo a. Pero quiero que. Y no sé. 

Escondo un deseo feroz en el vientre. 

He escrito muchas cartas de suicidio pero al final me iré en silencio; nada de gritos como cuando emergí del vientre materno, mi partida será un suave deslizar en el tiempo, una piel hecha ovillo y unos ojos que se apagan.

Tengo cartas de amor en la guantera, con caligrafía rápida e ilegible, con sentimientos feroces y hambrientos y abandonados y. 

Ya no escribo sobre ti ni sobre nadie, porque no se merecen mis letras. No las merezco ni yo. Y aquí el castigo. 

Ya no existe canción que pare la corriente de pensamientos demoledores. 

Una voz cálida se ha colado en mi almohada y me susurra por las noches palabras que no logro entender. 

He soñado con otros brazos y no me siento libre. 

No me siento. 

¿Lo haces tú en algún momento? 

Solo un destello. Un pensamiento fugaz y seguiré existiendo. 

                          
Cimitero Monumentale di Milano (Italy)

18.9.18

3:30

He borrado sin querer todos los recuerdos que conservaba de aquella época, ya sabes; los años en lo que llevaba el pelo salvaje y la mirada de hielo y fuego. 
Las manos que me estrujan el alma son las mismas que sujetan la correa de las hienas que devoran mis entrañas, por otra parte he encontrado un tacto que me acuna por las noches, una forma y una herida que no me son ajenas, una pena, un miedo que no me atañen pero que son yo, al fin y al cabo. 

Una canción regurgitada por un viejo instrumento de viento y un marco que resguarda la obra del artista que está enterrado en la habitación de al lado. He perdido en otras sábanas el pelo y me he dejado las uñas en la piel de los muslos; me duelen las gotas de sangre pero me calman a su vez. Los dientes castañean ansiando el sabor dulce de carne fresca, de repente soy las hienas también, de repente no encuentro mis manos porque están atenazando mi existencia, burlando mi respiración y apagando mi mirada. 

Estoy a punto de explotar, de volver a lo salvaje y a lo oscuro; he borrado sin querer todo lo que era. 

17.9.18

Oleaje.

Bajo esta lluvia púrpura pienso en el poder de las palabras,
¿Qué ocurriría si no existiese ningún tipo de lenguaje? Me abrazo a la idea de que se sucedería un aluvión de imágenes y símbolos; me encuentro presa y ave libre con ellas.

Son, al mismo tiempo, los barrotes de esta prisión...
y, a su vez, el navío impávido, que surca el océano haciendo frente a la tormenta.


Ya en cubierta dejo que el agua cale mi ropa, pegándose a mi cuerpo como una segunda piel. A lo lejos los cantos de sirena me acunan y calman el ritmo frenético de mi corazón. 

31.8.18

Alas de mariposa.

Tú no le conoces, te susurro. No sabes nada de esa melena morena y esos ojos pardos, nada de esas manos —alas de mariposa, en realidad—, nada de esa risa de hiena, ni de esa piel de cristal.
Tú ves ese cuerpo —esa escultura—, pasar por delante, sacudir la sombra que reposa en sus hombros, y carcajearse de la vida; de la muy puta.
Y no sabes que, cuando el dique se rompe y las lágrimas desbordan, ella sube la música, una canción animada de décadas pasadas; y entonces se restriega los ojos hasta que desaparece toda prueba de esa tormenta interior. Sonríe y sacude la cabeza hasta marearse, porque a pesar de todo, aunque llorar esté bien, ella ya está harta de ello.

Tú no sabes que se calla todas las ofensas porque al final no quiere saber nada de la vida, ni nada de nadie. Y que esa cerveza no es una cerveza cualquiera, es la excusa que tiene para volver a ser humana. 

15.1.18

Hematomas en el cuello.

No siempre la herida fue esta, hubo un tiempo en el que, lejos de dejarte llevar por la marea, plantabas cara a las olas y, como faro y guerrero, conducías a los barcos al naufragio en vez de a casa. La herida entonces eras tú.

28.12.17

2612

Ahora sé que vivir también es ese abrazo, esa cerveza importada que te tomas con amigos, la foto tonta al detalle del garito en el que estáis. Ver correr a la gente un veintiséis de diciembre, muertos de frío, pero sonriendo.
También lo son las lágrimas y las caras de cansancio, los gritos de desesperación y los ratos de sentir que la soledad es una losa, a veces, imposible de levantar.
Vivir a veces es ver morir, ver llegar un final, temerlo.
Otras, escapar como se pueda y sonreir pese al dolor en el costado, con los dientes del lobo arañándote el corazón.
Vivir también es escribir textos sin sentido a las once y media del veintiséis de diciembre ya mencionado.
No sé.
No sé.
No sé.
Pero quiero.

8.12.17

Ciudades y borracheras.


Enamorarse debe ser cerrar los ojos a la noche y abandonarse a los sonidos de la pequeña ciudad que habito; el murmullo del riachuelo entrando por mi oído izquierdo, el vaivén de los vehículos, a lo lejos, por el derecho. La nariz más parecida a una cereza congelada, la voz ahogada en cerveza; escondida en la garganta, expectante. Abandonar el lugar y la oscuridad y adentrarse en la ciudad, llegar a casa y sentir a medias, gracias al frío, el bajo de la camisa robada acariciando mis muslos. Creer que mi desnudez es la sed de otro, que mi piel, simplemente, es un órgano cohibido, herido y agazapado. Ir descongelando, poco a poco, la embriaguez de la noche. 

Al final, que me reciban las sábanas vacías, frías, pero muy por encima de mi temperatura corporal, carraspear un par de veces y dejarme llevar por el cansancio acumulado. 



Enamorarse debería ser lo contrario a esta noche. 

O no. 



4.12.17

El sinsentido de siempre.

Contenerse las ganas de salir huyendo, de abandonar un cuerpo y un otoño interminables, una angustia inexistente, que ocupa la mitad del aire que respiras. No arrepentirse de ser, de posar los ojos en otros, de querer unas manos en cada recoveco, en cada esquina. Una lengua húmeda que despiste todos mis temores durante unas horas. Una boca insaciable que muerda y dañe, que amorate la piel blanca, la piel inerte. 
Qué ingenua la sangre; agolpándose en lo alto de las mejillas, recorriendo, desde la izquierda de tu pecho, punto a punto cardinal del desastre en el que te has convertido. Brújula rota, extrangulada. Letras caducadas. 

El valor y el sentido de un minuto perdido en el tiempo, sostenido entre mis ganas de y mis ansias de. La yema de los dedos ansiando un calor ajeno, un brillo en los labios, una gota de líquido carmesí colgando de tus labios. Un beso robado, arrancado. El sexo vacío de quien no quiere sentir más, el orgasmo de un corazón que intenta recuperar sus latidos. 

21.11.17

Domingo.

Me encantaba pensar en los domingos que nos quedaban por vivir, en pisar el parqué del pasillo con la desnudez completa del cuerpo y la libertad de nuestros labios. 
La risa; grito y eco de la felicidad que precedía a la rutina. 
Me gustaba pensar que, entre caricia y caricia, entre soneto y soneto, estaban las pistas para ganar la partida a la vida, en nombre de un sentimiento fugaz. Pensar en ella como un canto a la existencia, una apuesta ganada a la muerte, la ficha que faltaba del puzle; tal vez, la que siempre sobraba, pero que no hacía falta que encajara, solo que me recordase que el mundo a veces es así, incompleto, perfecto. 

21.6.17

Deep end

Como las rosas con el rocío de la madrugada o los cuervos danzando en los cementerios, como la sangre bullendo caliente en tu vientre, en cada órgano, como la explosión de un llanto o la combustión de un orgasmo. He visto cadáveres hermosos, como aquel que está siendo devorado por gatos salvajes; gatos esqueléticos, hambrientos, con los ojos muy abiertos y cada costilla punzando el aire frío de enero. No recuerdo el sabor del alma pero debe ser algo así como desnudarse bajo la luna y que te bañe su luz, ya sabes, ese olor a noche y naturaleza muerta. O el sonido de un riachuelo agonizante y con el agua violeta de toda la tristeza de un pueblo olvidado. El aullido de un lobo solitario perdido y renegado; de un lobo de pelaje negro y ojos amarillos, que no busca más que la bola de la bruja, el graznido del Cuervo, la sombra de un ciprés. No entiendo ya mis pensamientos y no sé hablaros del cadáver carcomido ni del esmalte medio destrozado de sus uñas. 

La muerte, ególatra, solo sabe hablar de sí misma. 

2.2.17

Eyes on you.

Puedo notar el ardor en la cuenca de los ojos, como si estas estuvieran vacías y en su lugar se alzaran llamas de color violeta, como si mi cráneo fuera un barco a punto del naufragio, como si... 
El dolor sordo que cubre mi esternón, un líquido caliente que gotea incesante por el centro de mi pecho, recordándome la humanidad que se cierne sobre mí y hace temblar estas manos y derramar, una vez más, las lágrimas que no me atreví a tragarme. En la piel de mi frente descansa el beso de un demonio, que me cubre con sus alas calcinadas y sujeta la sangre dentro de mis venas, una vez más, sujeta tu recuerdo, mis entrañas, mi rabia. A las espaldas un ángel me clava un puñal y sonríe, noto en la nuca el aliento gélido y el olor a salitre. 



1.1.17

I bet my life.

Echar la vista atrás tal vez no es la mejor idea que he tenido; ambos sabemos que lo mío no son las ideas más brillantes, sino las que recordaremos después, cerveza en mano, sonrisa rota y mirada de niños.
Mis ojos se mueven desesperados a la esquina de mi cuarto, he creído oír pasos frente a mi puerta, siento el manubrio moverse y el aire frío entrando y ya no sé si vienen ellos a por mí o viene mi reflejo a recordarme el desastre que dejamos atrás, y me da igual.
Miro la copa que descansa frente a mí como un cachorrillo hambriento, el carmín reseco en los bordes del cristal, susurrando antiguos encantamientos que erizaron tu piel. Si las ideas brillantes no son mi fuerte no he de hablarte de los errores que estoy por cometer, de las guerras que libraré en los próximos meses, de la derrota que se cierne sobre mí, de mis dientes, de este agarre feroz que mantengo a la vida, dejándome las uñas al borde del acantilado. No he de hablarte de las ganas que tenía de llegar a casa y encontrarme contigo apoyado en la encimera, y no al jodido gato mirando por la ventana. De que ahora me observan mis miedos desde las esquinas y soy incapaz de ahuyentarlos. Sinceramente, ni siquiera sé si quiero hacerlo. Siento que me hace más fuerte recordar cada día qué puede llegar a frenarme, y qué no lo hará nunca porque pese a todo voy armada y no tengo nada que perder, nada que me importe, al menos. Nada que importe lo suficiente como para quedarme en el banquillo una vez más.

Echar la vista atrás es reencontrarme y prefiero meterme bajo el agua y limpiar la sangre de los arañazos. Nacida bajo el símbolo de Venus, de repente mi desnudez se convierte en un peligro, en una ofensa, en una plegaria. Estoy en tu recuerdo devorándote vivo y sonriendo como una perra, porque si soy valiente solo soy un animal, si soy débil solo soy tu pasatiempo, si camino sola,  tu objetivo. Y sabes qué, ya me da igual, no es culpa tuya no saber que la diana está en tu pecho y no en mis tetas, ni en mi coño, ni en cualquier palabra que desees saborear.

Echar la vista atrás y volver al presente significa que puedo decir todas las gilipolleces que se me ocurran y tú estás obligado a creerme.

Deja de mirarme así, gato estúpido. 


10.11.16

Maps.

Que por doler me duele hasta el aliento y por arder se están desintegrando mis alas, que la verborrea no cese y este frío consiga que teclee otras palabras y otros hechos y tal vez, y solo tal vez, acierte en el centro de la diana (que está en cualquier lugar menos en el centro) y logre poner aquí, en mi epitafio, en esta carta de amor, en mi mensaje de buenos días mi amor, buenos días, muérete, tal vez.

Ha dolido arrancarse este silencio de la lengua, ponerlo sobre la mesa y construir el muro de me has hecho daño por última vez. Ahora empieza mi batalla, esperemos que el número de bajas sea menor esta vez, esperemos que la paz se firme pronto.


2.11.16

Human contact.

La soledad que encuentro en otros brazos resulta ser mucho más excitante que la mía. Sujetar mi corazón con una mano en un tímido intento de no dejar que se caiga al abismo, en otra tu sexo, las llagas que produce el contacto con tu piel son lo más parecido a un carro de paradas. Electroencefalograma plano a ras de piel hasta que tus dedos se aventuran colina arriba por mis pezones. Y vuelta a empezar.